A la hora de hablar de estilo de vida en el paciente con diabetes tipo 2, hay que recordar que la diabesidad es ya una epidemia. Por este motivo, el peso es uno de los factores más preocupantes para los pacientes.

La dieta es un pilar básico en el abordaje de la diabetes 2

Según los especialistas, el principal obstáculo para reducir el peso es que el paciente no cambia de estilo de vida y no hace ejercicio a pesar de que el 99% recuerda a los pacientes en su consulta la importancia de controlar el peso para mejorar el manejo de la enfermedad.

Y es que alrededor del 85% de las personas con DM2 que atienden en las consultas tienen sobrepeso u obesidad. Por eso, el control de la glicada y la reducción de peso son los objetivos terapéuticos más importantes en estos pacientes.

Se ha demostrado que una intervención mediante dieta y ejercicio en personas obesas con intolerancia a la glucosa reduce en un 50% la aparición de la DM2.

La diabetes secundaria, las embarazadas diabéticas, el pie diabético, el mal control y el deseo explícito del paciente son los criterios más frecuentes de derivación al endocrinólogo. También hay que añadir los pacientes con obesidad mórbida que requieran cirugía para el control de su obesidad y la diabetes mal controlada a pesar de un tratamiento intensivo y seguimiento por parte de enfermería.

Con respecto a la actividad física, debe realizar 30 minutos al día, según la OMS. La práctica regular de ejercicio de intensidad leve mejora el control glucémico o metabólico, disminuye el riesgo cardiovascular y aumenta el bienestar en general. En este contexto, la actividad física más recomendable es el ejercicio aeróbico. Por otro lado, se ha observado que el fortalecimiento de la musculatura también mejora la sensibilidad a la insulina y reduce los requerimientos de medicación.

Caminar a paso ligero es la forma más común de ejercicio aeróbico, es decir de baja intensidad y larga duración. También lo es bailar, nadar o montar en bicicleta. El paciente debe elegir el ejercicio que más le guste o divierta y que mejor se adapte a su estilo de vida.

La dieta es el pilar terapéutico clave en el control de la diabetes. El diabético tiene que asumir que es necesaria para el control y prevención de complicaciones de su patología. Se debe facilitar al paciente el conocimiento necesario para la preparación de dichas dietas. La dificultad de control de la DM2 no es tanto el comenzar la dieta como el mantenimiento de ella, porque supone un cambio en el estilo habitual de realizarla. Los objetivos generales de la dieta son un buen control glucémico y el control del peso. Así, están desaconsejados los dulces y bollería en general, zumos azucarados y refrescos con azúcar. El resto de los alimentos se deben consumir en las proporciones adecuadas al estado glucémico, lipídico y peso del paciente.

Como norma general, se recomiendan cinco tomas al día, disminuir la ingesta de azucares saturados y de hidratos de carbono, ajustándolos a las necesidades calóricas.

Las principales barreras para el buen cumplimiento de la dieta son la falta de conocimiento y adiestramiento en la elaboración de la dieta, proponer objetivos que no son realistas para las condiciones del paciente, dietas rígidas o monótonas, dificultad para el control de las cantidades, ingredientes, cansancio, aburrimiento y falta de motivación para mantener la dieta de forma permanente.

Con respecto al paciente anciano con diabetes 2, hay que tener en cuenta que tiene una producción hepática de glucosa normal, glucemias en ayunas casi normales, menor resistencia a la insulina, menor secreción de insulina a la carga de glucosa y hiperglucemia postprandial muy significativa. Además, con el envejecimiento se produce una redistribución de la grasa corporal, con un incremento de la adiposidad visceral.

La prevalencia de la DM2 en España en personas mayores de 75 años es del 30% en varones y un 33% en mujeres. Los ancianos se encuentran poco representados en las guías de práctica clínica y en los estudios clínicos en los que se basan. Por su parte, las personas ancianas que viven solas tienden a presentar condiciones económicas menos favorables, en especial a medida que avanza su edad. Muchos pacientes informan que se sienten solos y que se consideran afectados por el aislamiento social. Encuentran dificultades para cumplir con las pautas terapéuticas prescritas.

Dado que presentan limitaciones físicas y que la alimentación es una actividad social, algunas personas ancianas que viven solas no se preparan comidas completas y balanceadas, por lo que la desnutrición es un problema frecuente. A pesar de estos problemas, la mayoría expresa un deseo ferviente de mantener su independencia. Para ayudarlos a conservar su independencia se les debe alentar a practicar actividad física y mantener interacciones sociales de forma regular y brindar asistencia social.

Fuente:

elmedicointeractivo

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